Veganismo: ¿una moda, una dieta o un estilo de vida?

Vivimos en la era de la tecnología y tenemos al alcance de un solo click un sin fin de herramientas que nos permiten acceder a todo tipo de información. Aunque también es cierto, que no todo el mundo hace buen uso de estas ventajas, y muchas veces nos vemos ahogados en un mar de desinformación que actúa en contra del conocimiento general.

Hoy en día, la palabra “vegano” arroja más de 2 millones de resultados cuando la tecleas en tu buscador de preferencia (nosotras usamos ecosia, ¿alguien más adora plantar árboles mientras hace búsquedas?). El término “veganismo”, en español, aún no alcanza el medio millón, pero va de camino. 

 

El veganismo en la actualidad

Resulta difícil, a día de hoy, contabilizar de forma exacta el número de personas veganas en España. Ni siquiera existen datos oficiales ni fiables sobre el porcentaje de personas vegetarianas, un grupo más extendido por ser una tendencia más conocida y generalizada que la de los veganos. De lo que no hay duda, es que el número de personas que eligen adoptar este “estilo de vida” crece sin parar alrededor del mundo. Cada vez vemos más restaurantes, más festivales, más marcas que apuestan por ofrecer alternativas a un sector de la población preocupado por el bienestar de los animales, el impacto sobre el medio ambiente y la salud. Pero, ¿es correcto considerar el veganismo un estilo de vida?, ¿es esta una moda pasajera alentada por estrellas de Hollywood y famosos a los que admiramos?

Lo cierto es que actualmente el veganismo goza de cierta popularidad. Presenta defensores y detractores casi a partes iguales, y es un tema frecuente de debate en nuestra sociedad. Más allá de su reinvención en moda, el vegetarianismo y el veganismo forman parte de una cultura tradicional milenaria (puedes leer un poco sobre su historia aquí). El veganismo tiene sus raíces en un pensamiento crítico con la explotación de otros seres por parte de los humanos, tiene una base moral.

 

El especismo y la industria que lo legitima

Es erróneo usar términos tales como “estilo de vida vegano” o “dieta vegana”, porque el veganismo va mucho más allá de eso. El veganismo es un movimiento político, ético y social, que hace alusión al deber moral que tenemos los humanos, como agentes responsables, de detener el uso, la explotación y la esclavización de otros seres sintientes para nuestro propio beneficio. La línea conductora del movimiento es el antiespecismo, la idea radical de no considerar superior ninguna especie sobre otra, de no discriminar a un individuo en función del grupo taxonómico al que pertenece.

En lo moralmente relevante, todos los animales, humanos y no humanos, son iguales. Unos y otros tienen la capacidad de sufrir, sienten dolor, sienten placer, establecen relaciones afectivas con otros individuos, disfrutan de sus vidas. Estas capacidades son fácilmente advertidas y aceptadas por la mayoría de la población cuando se habla de mascotas. Nuestros perros y gatos son individuos con personalidades propias y, por lo general, miembros de pleno derecho en nuestras familias. La gente suele echarse las manos a la cabeza cuando se habla del maltrato que sufren perros y gatos, incluso hay quien se escandaliza de que en otras culturas estos animales formen parte de la gastronomía típica de un país. Pero, ¿cuál es la diferencia entre un perro y un cerdo?, ¿porque amamos a unos y nos comemos a los otros?

Las mascotas son un grupo privilegiado de animales dentro de un contexto cultural e histórico determinado. Estas gozan del amor y la empatía que los humanos les niegan a otros animales como las vacas, las gallinas o los cerdos porque la industria se ha encargado de enseñarnos que son animales de segunda. Que su único fin es convertirse en comida o accesorios de moda, objetos para nuestro consumo.

Nos han convencido de que comer animales es lo normal. Lo hemos hecho siempre. Nos dicen que sin la carne no se puede vivir. Que nos faltarán proteínas y nutrientes esenciales. Que el pescado es necesario, que nuestro cuerpo necesita lácteos, huevos… Y así con todo, desde que somos pequeños. La industria alimentaria, la de la carne, la de los lácteos y el huevo; es una de las más poderosas, un imperio construido sobre el sufrimiento y la explotación animal. Un gigante financiado por todos nosotros. Por nuestros carros llenos en los supermercados. Nuestras bolsas repletas de ropa al salir de los centros comerciales. Nuestras estanterías rebosantes de cosméticos y productos de higiene testados en individuos que son tan capaces de sentir dolor como lo somos tú y yo. La mayoría de los objetos que usamos cada día tiene su origen en un sistema de opresión y violencia contra seres que no pueden defenderse.

 

El veganismo entendido como principio ético

Cuando alguien considera el veganismo toma una decisión consciente, la de dejar de contribuir y retirar su apoyo económico a este sistema de explotación. Supone reconocer que los animales no humanos también son sujetos con identidades propias, con intereses y derechos. Las personas veganas rechazamos el consumo de animales o productos derivados de estos. No comemos carne, ni pescado, ni marisco. No tomamos lácteos, ni huevos o miel. Elegimos vestir con ropa y accesorios que no se hayan fabricado con cuero, lana, seda o cualquier tipo de piel que proceda de otro animal que la necesita para vivir. Rechazamos los productos cosméticos y de higiene que han sido testados en animales. Luchamos porque la ciencia avance hacia prácticas éticas y más eficientes que no incluyan procedimientos como la vivisección. Porque ninguno de nosotros queremos ser la causa de la violencia que subyace bajo todo este sistema de opresión.

A menudo me preguntan por qué me hice vegana. La respuesta más rápida es que fue por los animales (aunque el medioambiente también fuera un factor importante para mí). Porque no podía vivir con mi propia hipocresía y sus contradicciones. Porque mi cuerpo dijo basta y ya no pude seguir mirando hacia otro lado. A mí el veganismo me ha cambiado la vida. Me ha enseñado cosas sobre mí que no sabía. Me ha ayudado a darme cuenta hasta qué punto mis elecciones personales pueden afectar a las vidas de otros. Vidas de animales no humanos y de otras personas como yo, personas que me rodean y forman parte de mi experiencia vital de alguna forma. Me ha hecho más compasiva, más sensible, más comprensiva. Siempre me he considerado una persona empática, quizás por eso hacerme vegana me pareció lo más coherente. Pero mi capacidad emocional se ha desarrollado mucho más desde que empecé a eliminar los animales de mi plato, desde que deje de contribuir económicamente con las industrias que les explotan.

 

La realidad que implica el veganismo

Ser vegana en el mundo en que vivimos no siempre es fácil, no quiero mentir. Cuando decides dar el paso comprendes cómo cada una de tus decisiones repercute de forma negativa o positiva en el planeta en el que vives, en tu hogar, el único lugar de todo el universo que nos mantiene vivos y que nos protege de lo que pasa más allá de nuestra atmósfera. Así que hay días que miras a tu alrededor y sientes que no hay esperanza. Pierdes la fe y te preguntas de qué sirve todo lo que haces si apenas eres una gota en medio de un océano. Pero entonces un día una amiga, un familiar o alguien que conociste en un viaje mochilero por algún país perdido te dice que ha leído uno de tus artículos, o visto una de tus historias de instagram o de tus publicaciones; y que va a intentarlo. Que ha decidido dejar de comer carne. Y te das cuenta de que sí que merece la pena seguir intentándolo. Que las cosas están cambiando, aunque no vayan todo lo rápido que a tí te gustaría.

 

La revolución vegana como arma de lucha y cambio

Así que a la pregunta que da título a este artículo la respuesta es: ninguna de las tres. El veganismo no es una moda, ni un estilo de vida ni una dieta milagro para perder peso. No va sobre comida o sobre alimentación saludable; aunque lo englobe. No es una opción más, es una convicción ética y política. El veganismo son mis principios. El veganismo soy yo y los millones de personas que decidimos dejar de participar de una industria que se ha construido sobre la cosificación y el sufrimiento de las vidas de otros animales. Es valorar la vida de otros por encima del placer momentáneo que nos produce un determinado sabor. Valorar la vida de un individuo por encima de la estética o el estatus que representa un outfit que pasará de moda tarde o temprano. Es emplear algo de mi tiempo en leer la etiqueta de ciertos productos y así no dañar a otros. No es tan descabellado, ni una ideología radical y absurda como muchos apuntan. 

El veganismo es para todos, no se trata de ningún club selecto o elitista. Está abierto para todos aquellos que aman a los animales, que se preocupan por el destino del planeta, por su salud y la de sus seres queridos. Porque cuando alguien ama algo lo último que quiere es perjudicar o lastimar aquello que ama. Y nuestra forma de consumo, nuestra falta de conciencia; al ritmo que vamos, arrasará con todo. Es importante recordar que no hay Plan(eta) B. Haz la conexión, elige la compasión. #govegan

1Comment
  • S PB
    Posted at 13:29h, 25 octubre Responder

    ¡Qué reflexiones más interesantes!

Post A Comment